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5.8.13

Pienso mucho como cosas muy muy chiquitas ocupan mucho espacio en mi cabeza, como vos. Empezaste siendo chiquito, se puede decir que te hiciste de abajo. Subiste y te hiciste enorme, y te amé tanto, hasta que se te pincho el globito que te subía y te achicaste y te volviste diminuto de nuevo. Y lo peor es que te seguí amando. Siempre interrumpiste, siempre pasaste y todo estaba bien, nunca nadie te corto ese paso, esa libertad de dar pasitos y pasitos y siempre tan lindos pasitos. Pero eran tan lindos que dolían, ya se hacían pasos muy grandes y llegaban al punto de aplastarte.Aun que quede abajo de tu huella, te sigo amando. O cuando apareces y tiras tus fraces, esas que a todos les gusta escuchar de vez en cuando, que te hacen sentir que tenes a alguien ahí a lado, que te hacen sentir un poquito más llena, esas fraces que te conquistan, te convencen un poco, pero a la hora de despertarte a la mañana en busca de un café alegre, solo te das cuenta que las dijo murmurando o pensaste que te las dijo, porque mentira, nunca las terminó de decir. Y a pesar de que ese café se halla vuelto melancólico, con algunas lagrimas adentro, yo te sigo amando. Porque a veces siento que se puede ser más pelotuda, cada día, un poquito más.